Primero, actualiza el navegador que ya utilizas
Tener una versión antigua no obliga necesariamente a cambiar de navegador (o de proveedor). En la mayoría de los casos basta con actualizar el programa antiguo y reiniciarlo después.
Chrome, Firefox y Edge disponen para ello de una página de información o comprobación en el menú del navegador. Al abrirla se buscan e instalan automáticamente las actualizaciones. Safari, en cambio, se actualiza junto con macOS, iOS o iPadOS.
Cuando no se ofrece ninguna actualización
En los sistemas operativos más antiguos puede ocurrir que una versión actual del navegador ya no sea compatible. Por ejemplo, que Firefox se niegue a actualizarse en Windows 7. En ese caso, primero debería comprobarse si todavía hay una actualización del sistema disponible para el dispositivo. Los PC y portátiles con Windows 10 o anterior deberían actualizarse con urgencia, aunque solo sea por seguridad, ya que estos sistemas ya no reciben actualizaciones.
Si tampoco se puede actualizar el sistema operativo (Windows 11, en particular, impone requisitos de hardware exigentes), a largo plazo solo queda comprar un dispositivo nuevo. O, si existe, utilizar otro navegador que todavía acepte el sistema antiguo o le siga dando mantenimiento. Seguir trabajando permanentemente con una versión obsoleta no es una buena solución.